Radiografía del sistema de salud en México: BID

“Hora 14”

Mauricio Conde Olivares

 

El Banco Interamericano de Desarrollo se dio a la tarea de escuchar la voz de personas que fueron, son o serán pacientes y usuarios de los sistemas de salud en Brasil, Colombia, El Salvador, Jamaica, México y Panamá.

Se espera que esas voces sean representativas de los casi 400 millones de personas en esos países y que sirvan como un instrumento para crear políticas públicas que mejoren la experiencia de la atención primaria de salud (APS) en toda la región de América Latina y el Caribe.

Por ello, resulta interesante conocer la opinión de los pacientes mexicanos donde la muestra  consistió en un total de 1.488 individuos: 251 usuarios del sistema público de salud, 780 afiliados a la seguridad social, 291 con seguro privado y 166 sin seguro.

107 encuestados señalaron estar afiliados tanto al sistema público como a la seguridad social, 111 informaron que además de utilizar el sistema público contaban con un seguro privado, y 43 de los encuestados indicaron estar afiliados a la seguridad social y a un seguro privado.

La muestra contiene una proporción ligeramente mayor de mujeres que de hombres, principalmente en el grupo sin seguro de salud, si bien no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos, a excepción de aquellos afiliados a la seguridad social frente a los que no poseen ningún seguro.

Cerca de la tercera parte de la muestra (27,1%) informó tener un nivel de educación primaria o menos.

El porcentaje fue significativamente mayor entre los usuarios del sistema público (50,5%), en comparación con los demás grupos, cuyo porcentaje era mucho menor.

Una tercera parte de los encuestados dijo haber sido diagnosticada con al menos una enfermedad crónica, el mayor porcentaje siendo entre los que pertenecen al seguro social (40,3%), seguido de aquellos afiliados al sistema público (34,7%), privado (32,5%) y sin seguro de salud (16,4%). Mientras, solo el 21,8% de la población indicó tener una baja percepción de su estado de salud, sin diferencia significativa por tipo de régimen.

Del total de participantes, la mayoría señaló que el sistema de salud en México requiere mejoras significativas. Solo el 16,5% del total de encuestados informó que el sistema de salud funciona bastante bien y que solo requeriría cambios menores para funcionar mejor, mientras que el 54,4% respondió que hay algunos aspectos positivos, pero es necesario hacer cambios fundamentales.

De forma más crítica, el 25,9% consideró que hay tantos problemas en el sistema de salud mexicano que hay que reconstruirlo completamente. Estas opiniones no fueron significativamente diferentes entre los usuarios exclusivos del sistema público y aquellos con seguro privado.

En relación con la confianza en recibir el tratamiento más efectivo, el 73,4% de los encuestados indicó tenerla, con diferencia significativa entre los usuarios del seguro público (63,7%) en comparación con los usuarios de seguro social (78,7%).

En cuanto a las respuestas de los entrevistados acerca de barreras financieras y de transporte en el acceso a los servicios de salud.

Las barreras financieras son las más significativas, por lo que las políticas actuales de salud mexicanas tratan de afrontarlas: es evidente que existe un amplio margen de mejora.

En el sector de la salud en México, algunas personas no buscan atención médica debido a los gastos del bolsillo.

La mayoría de la muestra informa haberlos tenido (78,4%) y el 88,5% de los que no tienen seguro señala haber pagado por la atención con fondos propios. Un 38,7% del total declaró que tuvo gastos de bolsillo superiores a US$ 200, mientras que el 15,1% indicó que fueron mayores a US$ 500.

La mayor prevalencia de gastos de bolsillo superiores a US$ 500 se observó en quienes tenían seguro privado de salud (33,1%). Un 17,5% de la muestra tuvo problemas serios para pagar estos gastos. Las barreras de transporte son un problema sin resolver e importante para abordar en el sector de salud mexicano.

El porcentaje de encuestados que no consultó a un médico debido a dificultades con el transporte fue del 8,6%, aunque fue considerablemente menor para los afiliados al seguro privado (4,1%) en comparación con los afiliados al sistema público (10,3%), y al seguro social (10,7%).

Es notorio que más de 80% acudió al menos una vez a un centro de atención primaria en el último año; aunque un 14% no logró realizar un examen médico para tratamiento o control por dificultades para concertar una cita.

También resultó difícil la comunicación, pues aproximadamente el 57% lo pudo hacer remotamente (teléfono, correo); además de que un porcentaje elevado (64,8%) de los participantes percibió que los servicios son difíciles de acceder en las noches o fines de semana.

En cuanto al tiempo de espera para acceder a un médico o personal de enfermería la última vez que requirió atención, la mayoría de los encuestados (64,1%) lo logró el mismo día o al siguiente.

Este número fue mayor para los pacientes con seguro privado (77,2%), seguido por los que carecían de seguro de salud (75,7%), en comparación a los usuarios del sistema público (55,6%) y de la seguridad social (60,3%).

Por otra parte, únicamente el 9,8% de los encuestados señaló que esperó más de dos semanas o que nunca logró acceder a la atención.

Las respuestas de los usuarios sugieren diez hallazgos. Primero, resaltan la fragmentación del sistema, que se refleja en el traslape de afiliados a seguros públicos de salud y en la persistencia de un porcentaje importante sin seguro de salud, con menos acceso a servicios y un gasto de bolsillo importante.

Segundo, indican que 4 de cada 10 padecía una enfermedad crónica, lo cual se traduce en la fuerte demanda de atención que las instituciones de salud están afrontando.

En tercer lugar, destacan que el sistema de salud de México requiere mejoras significativas y que, a pesar de ello, la mayoría tenía confianza en que sería atendido de forma efectiva.

Además, señalan importantes barreras financieras y de transporte, tangibles en un gasto de bolsillo muy elevado.

Quinto, marcan la persistencia de barreras organizacionales que dificultan el acceso a los servicios. Por otra parte, revelan que contaban con un médico con quien acudir regularmente, así como manifiestan percibir una muy buena calidad en el trato interpersonal con el médico y en la resolución de sus problemas de salud.

Octavo, permiten identificar importantes deficiencias en la calidad de atención, además de demostrar que la oferta de servicios preventivos para enfermedades crónicas es deficiente.

Por último, hacen ver las limitaciones de los servicios especializados cuya utilización es escasa, que se acompaña de comunicación deficiente entre la atención primaria y especializada, y un exceso de demanda de servicios de emergencia por insuficiencias en la oferta de la atención primaria.

La fragmentación del sistema de salud mexicano se observa en sus distintos sistemas, cuyas poblaciones son diversas y disfrutan de variados planes de beneficios (Bossert et al. 2014), situación compleja que tiene graves consecuencias y genera ineficiencias.

El traslape de afiliados a seguros públicos indica un mayor gasto en salud.

La falta de un sistema de información que vincule los censos de las instituciones para identificar los usuarios que migran de una institución a otra tiene un impacto presupuestal y programático. Adicionalmente, las diferencias en los planes de beneficios, a favor de la seguridad social, son un incentivo para la selección adversa, pues los pacientes con mayores problemas de salud optarán por estar afiliados a este sistema, independientemente de su afiliación al seguro popular.

Es de notar que persiste un porcentaje importante de personas sin seguro de salud, incluso en áreas urbanas, lo cual se debe considerar con mayor atención, pues puede verse que todavía no se ha logrado cumplir la aspiración de la cobertura universal.

Las enfermedades crónicas en México representan un desafío para los sistemas de salud y para la sociedad. En la muestra analizada, el 34,8% de los entrevistados padecía una enfermedad crónica. Las cifras en la población mayor de 20 años revelan la magnitud de esta problemática: sobrepeso/obesidad en un 70% (OCDE 2017); hipertensión en un 31,5% (Campos-Nonato et al. 2013) y diabetes en un 15% (IDF 2015).

Las consecuencias para los servicios de salud se traducen en una atención permanente de padecimientos que evolucionan hacia las complicaciones y discapacidad, y cuyo costo de atención va en aumento.

La trayectoria de la enfermedad crónica siempre es hacia el deterioro físico y la dependencia, y la única forma de desacelerar este proceso es a través de la detección oportuna tanto de la enfermedad incipiente como de sus complicaciones, las cuales se retrasan en la medida que se brinda al paciente atención de alta calidad (Murray et al. 2005).

Desde el punto de vista social, las manifestaciones de la enfermedad crónica se caracterizan por un uso continuo de los servicios, ausentismo del trabajo en la población económicamente activa y reducción de los ingresos familiares.

El sistema de salud de México requiere mejoras significativas, y, a pesar de ello, la mayoría tenía confianza en que sería atendido de forma efectiva. Las respuestas de los usuarios acerca del sistema de salud indican que se requieren cambios fundamentales, incluso hubo quien mencionó que el sistema requiere ser reconstruido.

Ante los ojos de los usuarios, es recomendable incrementar el valor que los mismos perciben de los servicios públicos de salud. Esto se debe a que los participantes consideraron más valioso utilizar servicios privados, porque están confiados de que recibirán mejor atención — porque pagan por ello.

Un análisis profundo de este resultado señaló que las barreras financieras y de transporte, son tangibles en un gasto de bolsillo muy elevado, influyen para la percepción negativa de los usuarios (Pérez-Cuevas et al. 2017); empero lo anterior será motivo de posterior análisis en otra entrega de Hora 14.

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