Al descubierto, la razón de la delicia que encierran las fresas de Irapuato • I

De cinco estrellas

Victoria González Prado

 

[ 1 de 3 partes ]

 

 

  • Son sangre de la diosa Afrodita; la denuncia “Marquiño”
  • Irapuato en tiempo de cosecha con Nicolás Tejeda quien en 1852, trajo de Lyon, Francia, 24 matas de fresa y las plantaron como curiosidad

 

Las fresas, frutas curiosas.

Irapuato, Guanajuato.- Desde siempre sé que esta ciudad guanajuatense, la segunda más grande después de León, es “capital mundial de las fresas”, reinas de las frutas, que son de especial rojo brillante, suculentas y fragantes.

Por si todo esto fuera poco, tienen excelentes propiedades que ayudan a preservar la salud, ricas en minerales y estimulan el metabolismo.

La fresa es fruta curiosa: su parte central parece corazón que puede estar muy o poco desarrollado, o como “corazón vacío”.

Tienen similitud con las mujeres, no hay duda de ello, pues tenemos gran corazón, a veces también vacío, y entendemos a la perfección las cualidades de las fresas; son irresistibles como el amor, y al final son una delicia.

En Irapuato corre la leyenda de que si vas con tu pareja y quieres que tu amor perdure, ambos deben morder simultáneamente una misma fresa.

Todo esto viene a cuento porque estuvimos en Irapuato, justo en tiempo de cosecha de las fresas, y aunque no lo crean, nos recibió don Nicolás Tejeda, hombre legendario personificado por Antonio Rico, de la dirección de Turismo municipal.

Se preguntarán quién fue Nicolás Tejeda. Pues nada menos que el jefe político del Distrito que era esta ciudad en tiempos porfirianos.

En 1852, don Nicolás trajo de Lyon, Francia, 24 matas de fresa y las plantaron como “curiosidad” en terrenos que se llamaban Moussier, en el bordo del río Silao, hoy Boulevard Díaz Ordaz.

Él plantó la primera y se hizo nieve con la primera cosecha. Hoy existen cerca de mil variedades, y la local se cultiva a cielo abierto o en macro túnel.

“Nicolás Tejeda” (Antonio Rico, como dijimos) nos retrotrajo a la época porfiriana, cuando Irapuato constaba sólo de los barrios San Miguel, Santiago, San Nicolás y Santa Ana, y durante toda la visita nos acompañó vestido muy a la moda de entonces.

A Marco Sánchez Estrada (“Marquiño”, para que no se enoje), futbolista de profesión y corazón y gerente de la Asociación del Mercado de la Capital Mundial de las Fresas, le correspondió hablarnos de las fresas, y lo hizo con entusiasmo contagioso: “…se cosecha de octubre a febrero. Es fruto bendito que tiene ácido fólico, vitamina A y C. 14 fresas es el requerimiento para la mujer”.

Las fresas, primas hermanas de las rosas, se consumen crudas y también con yogurt, helados, nata, licor, vino, o bañadas en chocolate… son deliciosas. Las encuentras en pasteles, mousses, souflés y flanes.

A esta ciudad, con fresas por doquier, nos invitó Grupo Presidente para disfrutar —decía la invitación— “un viaje muy fresa”, y vaya que lo fue.

Nos recibieron los directivos del Staybridge Suites Irapuato junto con autoridades municipales y de turismo, así como “Nicolás Tejeda” y Marquiño, personajes que convirtieron nuestra estancia y experiencia en algo más que “viaje muy fresa”.

Irapuato mantiene temperatura ideal para cultivo de la fresa, que es regado por goteo. Las plantas sobresalen de acolchado de plástico blanco que contrasta con el rojo intenso de las fresas y el verdor de la hojarasca.

Las fresas son fruto delicado y al mismo tiempo fuerte, como la mujer; emergen de entre enormes y bien formadas hojas, tienen tallo largo y delgado difícil de cortar.

Son cosechadas especialmente por mujeres, pues ellas tienen el tacto necesario para desprenderlas sin dañar la planta.

Debo reconocer que quienes se dedican a la cosecha de las fresas merecen todo mi respeto. Su recolección es un arte. Agacharse y cortarlas es tarea difícil y muy cansada, lo comprobamos al intentarlo varias veces y –la verdad— mi admiración y respeto para quienes lo hacen; hay que cortar cuidadosamente un pedacito de tallo, y quien lo hace no debe usar maquillaje ni esmalte en las uñas.

Nos dieron sendas pequeñas canastas para colocar las fresas que pudiéramos recolectar. De no ser porque Marquiño y “Nicolás Tejeda” nos acompañaron, muchas hubieran quedado vacías.

Debo confesar que mi paso por la cosecha de fresa fue realmente de aprendizaje. No logré cortar una sola, pero puedo asegurar que son deliciosas.

Todas las que me acercaban para llenar mi pequeña canasta, iban directamente a mi boca; aun así logré salir del lugar con la cestita casi llena de fresas grandes, medianas y pequeñas, todas ellas muy rojas y de delicioso sabor.

Los principales productores de la región están buscando la forma de volver a darle importancia y calidad a las fresas y de rescatar el nombre que ha caracterizado a esta ciudad: “Capital mundial de las fresas”.

Y es que, a decir de los productores —nos contó Marquiño—, “nos creímos el nombramiento y nos fuimos quedando. No avanzamos, no buscamos tecnología para que nuestra fresa siguiera siendo la mejor.

Otros estados empezaron a producirla en grandes cantidades y nos quedamos sólo con el nombre. Por fortuna, reaccionamos y ahora hemos copiado lo que hacen otros, para que Irapuato continúe como capital mundial de las fresas y llevemos ese nombre con orgullo”.

victoriagprado@gmail.com
Twitter: @victoriagprado

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