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De la tragedia a la catarsis y luego, a la luz

Reflexiones de Chaplin, vigentes en medio de la pandemia

 

  • “Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros”

 

Citando a Charles Chaplin: “Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros” y para muestra un botón, uno llamado Covid-19, ese que no sabemos de donde salió, pero que nos llevó a encerrarnos para no quedar a su merced.

 

En medio de una pandemia que parece no tener fin, los seres humanos debemos recordar precisamente eso, nuestra humanidad, ésa que por naturaleza nos lleva a protegernos unos a otros, pues citando una frase del clown inglés, Charles Spencer Chaplin. “Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros” y para muestra un botón, uno llamado Covid-19, ese que no sabemos de donde salió, pero que nos llevó a encerrarnos literalmente en nuestras casas para no quedar a su merced.

Pero antes, ya sufríamos otro encierro, uno que agudizó la claustrofobia a la que nos enfrentamos con el confinamiento, hablo del encierro mental, esa cerrazón que nos llevó a atacarnos en vez de ayudarnos y no sólo eso, sino que además nos encargamos de poner al límite a nuestra casa en común: el planeta Tierra, que cada vez más sufre los estragos de la mano del hombre, pues no nos ha importado acabar con nuestros recursos, por encima, incluso de nosotros mismos, por lo que nos encaminamos a nuestra propia extinción.

La pandemia por el Covid-19 vino a recordarnos lo que somos, simples habitantes de este planeta, pero con la responsabilidad de cuidar de aquellos más vulnerables, ya que un “algo” más grande, nos dotó de la inteligencia para hacerlo, pero es una inteligencia que hemos utilizado para lo contrario, pues algunos incluso se han aprovechado de la pandemia para lucrar y eso se debe terminar.

Dicen que después de toda gran catarsis, vienen cosas buenas, incluso la teoría de la gran explosión, plantea que el “big bang” dio origen al sistema de planetas al que pertenece la tierra, esperemos que esta crisis sanitaria, que derivo en una económica bastante fuerte, también traiga posteriormente cosas buenas, pero eso dependerá de nosotros y de nadie más.

Les dejo a continuación las palabras de Chaplin al final de su cinta “El Gran Dictador”, que si bien, fueron escritas en 1940, continúan vigentes y ojalá hagan eco en nuestra humanidad.

“Lo siento, pero yo no quiero ser emperador; ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible. Judíos y gentiles, blancos o negros.

Tenemos que ayudarnos unos a otros, los seres humanos somos así, queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados, no queremos odiar ni despreciar a nadie.

En este mundo hay sitio para todos, la Tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido, la codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas.

Hemos progresado muy de prisa, pero nos hemos encarcelado nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad, nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco.

Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos, pero la verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana. Exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.

A los que puedan oírme, les digo: no se desesperen, la desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores. Y el poder que le quitaron al pueblo, se le reintegrará al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.

¡Soldados, no se rindan a esos hombres! que en realidad los desprecian, los esclavizan, reglamentan sus vidas y les dicen lo que tienen que hacer, que pensar y que sentir. Les barren el cerebro, los ceban, los tratan como a ganado. Y como a carne de cañón.

No se entreguen a esos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. Ustedes no son máquinas; no son ganado. Son hombres, llevan el amor de la humanidad en sus corazones. No el odio. Sólo los que no aman, odian. Los que no aman, son inhumanos.

¡Soldados, no luchen por la esclavitud, sino por la libertad! En el capítulo XVII de San Lucas se lee: el reino de Dios está dentro del hombre. No de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres. En ustedes.

Ustedes, el pueblo, tienen el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad. Ustedes, el pueblo, tienen el poder de hacer esta vida libre y hermosa. De convertirla en una maravillosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo. Y dé a la juventud un futuro. Y a la vejez, seguridad.

Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder. Pero mintieron. No han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres, sólo ellos. Pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido. Todos a luchar para libertar al mundo. Para derribar barreras nacionales. Para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad ¡Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos!

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