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Garibaldi le canta, le llora y le recuerda a Chavela que: La vida no vale nada

  • Luego del emotivo homenaje en Plaza Garibaldi, los restos de Vargas fueron a pie, en medio de sones de trompetas, al Palacio de Bellas Artes, que abrirá sus puertas este martes para que miles de mexicanos puedan despedirla, ceremonia que reserva  México para las grandes figuras de su cultura

 

La intérprete, caracterizada por una voz ronca, afectada por el alcohol y el cigarro, convirtió en clásicos sus versiones de rancheras interpretadas con particular pasión.

Flor de Azalea, Volver, Estoy en el rincón de una cantina, Un mundo raro, fueron tan solo algunos de los temas que sirvieron como pretextos para dar la despedida a Chavela Vargas en la Plaza Garibaldi, el sitio donde se reunió su pueblo para recordarle… “que la vida no vale nada”.

Eugenia León, Tanía Libertad y Lila Downs fueron las tres voces que homenajeaban a La Chamana en su trascender; ellas se vieron muy conmovidas ante la presencia de las miles de almas que se reunieron en la Plaza Garibaldi para despedir a la Vargas.

Los Macorinos, inseparables músicos de la cantante costarricense también estuvieron para esta despedida para dar paso a la que hoy se realizará en el Palacio de Bellas Artes donde Chavela en vida le cantó a García Lorca quien seguramente ya la espera en el mas allá.

“Gracias Chavela” gritaba su pueblo al tiempo que el féretro se abría pasó entre la multitud que lloraban al ver posada a su gran cantante. Enormes arreglos florales y tres imágenes de Chavela que adornaban el sitio donde se colocó su féretro y donde medios nacionales y extranjeros se congregaban para capturar una de las imágenes que ayer le daban la vuelta al mundo.

El ataúd de Vargas tuvo que ser cargado por policías ante el fervor de los asistentes, que no permitían su paso hasta el centro de la plaza, donde se montó un estrado para el homenaje.

Tres grandes pendones con las fotos de Chavela fueron colgados en medio de Garibaldi, una plaza recientemente restaurada por las autoridades capitalinas y  cuyas tradicionales cantinas mantenían la tarde del lunes sus puertas cerradas.

“Ahora en la noche las van a abrir, es cuando empieza todo”, dijo José Tapia, de 40 años, uno de los trabajadores de la plaza en la que aún están  El Tenampa y el Santa Cecilia, las cantinas en las que Chavela pasó largas  noches de parranda con los artistas que marcaron la década de 1940, los años de  oro del cine y la música mexicanos.

La cantante Eugenia León y dos de los músicos que acompañaron a Vargas en  sus últimas presentaciones, Juan Carlos Che Allende y Miguel Peña, iniciarán  el desfile musical con los temas que la artista hizo famosos, como Volver, El último trago, Un mundo raro, La Llorona y Paloma Negra.

El Tenampa, la cantina más famosa de la zona, conocida por sus murales con leyendas de la música mexicana como Pedro Infante, Jorge Negrete y Javier  Solís, anunció que pintará uno de la cantante.

Luego del homenaje, los restos de Vargas fueron a pie, en medio de  sones de trompetas, al Palacio de Bellas Artes, que abrirá sus puertas el  martes para que miles de mexicanos puedan despedirla, ceremonia que reserva  México para las grandes figuras de su cultura.

El cadáver de Chavela Vargas, quien murió el domingo a los 93 años, será incinerado y sus cenizas serán  esparcidas en el cerro del Chalchi, cerca del poblado de Tepoztlán, donde la  cantante pasó los últimos años de su vida.

La intérprete, caracterizada por una voz ronca, afectada por el alcohol y  el cigarro, convirtió en clásicos sus versiones de rancheras interpretadas con particular pasión.

También construyó una vida de leyenda por su homosexualidad y su amistad  con algunas de las figuras relevantes de la cultura mexicana del siglo XX, como  los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera, así como de América Latina y España  como el cineasta Pedro Almodóvar y el cantautor Joaquín Sabina.

“Yo no voy a morir porque soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos”, dijo Vargas el viernes pasado. Esa noche, un grupo de  admiradores se acercó al hospital para llevarle serenata.

En Cuba, el diario oficial Granma exaltó la figura de la cantante, que  vivió brevemente en la isla en los años 1950.

“ La hondura de su voz inigualable y su refinada interpretación de la  canción popular mexicana destacaron en la oscura y compleja vida de Chavela  Vargas, que hizo que la ranchera, un género musical predominantemente  masculino, cobrara nuevos matices al ser cantada por una mujer”, señaló el  diario del Partido Comunista Cubano.

Por su parte, Pedro Almodóvar, que utilizó varias canciones de Chavela  Vargas en películas como ¡Tacones Lejanos! y ¡Kika!, le dedicó una carta  pública titulada ¡Adiós, volcán!

“Chavela añadía una amargura irónica que se sobreponía a la hipocresía del  mundo que le había tocado vivir y al que le cantó siempre desafiante”, señaló  el español en el texto.

Joaquín Sabina también se despidió de la cantante en una carta publicada en  la prensa de su país.

“Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios  nunca vistos en la música popular desde la muerte de (el cantor argentino de  tangos) Roberto Goyeneche” (1926-1994), señaló el cantante y poeta español.

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