El Senado y la venta nocturna de votos

Por la Derecha..!

Luis Ángel García

 

Les faltaron votos. La 4T, que en los últimos días realizó intensa y desesperada labor de cabildeo para conseguir la aprobación de la ¡iniciativa priista! de mantener al Ejército en las calles hasta el 2028, no logró su objetivo. El secretario de Gobernación había hecho labor de zapa en la Cámara de Diputados para dividir al PRI y sacar adelante la propuesta de una legisladora, esbirro de “Alito”, que pretende alargar las funciones de seguridad pública de las fuerzas armadas.

Pero el Senado se convirtió en un baluarte. La 4T -el gobierno federal, sus tribunos y operadores políticos-, no pudo corromper suficientemente a los modernos judas en que se han convertido algunos senadores, ni amedrentar a los que tienen cuentas pendientes con la justicia. Sólo le alcanzó para seducir a un parlamentario panista que apareció, con cara de asustado, junto al gerente de Morena, quien anunciaba el paso “al lado correcto de la historia” del nuevo traidor. ¿Qué le ofrecieron: impunidad penal para su hermano o la irreal posibilidad de ser candidato guinda al gobierno de Yucatán? Un voto demasiado caro por donde se vea. Su rostro de niño asustado habla de la enorme presión que ejercieron sobre él. El habitante del Palacio de Cobián tampoco pudo convencer al legislador sinaloense Zamora, quienes fueron sorprendidos en el Hotel Emporio mientras platicaban en lo oscurito. Al parecer no tuvo éxito el enviado presidencial. Quedará en impasse cuántos senadores priistas iban a ser chaqueteros, lo sabremos dentro de dos semanas. Lo que es una realidad, es que hoy, la 4T no pudo cumplir con los deseos del inquilino de Palacio Nacional.

Quien tal vez sea el gran perdedor es el líder de la bancada de Morena, Ricardo Monreal, quien corrido del Olimpo cuatroteísta desde hace mucho tiempo y que había demostrado congruencia legislativa y jurídica al oponerse a la militarización de la seguridad pública por la vía del decreto, cedió a las presiones de los tabasqueños, quienes le recriminaron su actitud rebelde y su negativa a negociar la aprobación de la iniciativa enviada desde el Zócalo, a la que no había que quitarle ni una coma. Amenazó el hijo desobediente con incitar a sus pares a no votar a favor. Pero pudo más la disciplina ciega a la que están obligados todos los siervos de Morena.

De tal suerte, que también el zacatecano se sumó al cabildeo y a la pepena de votos de la oposición. Pero ni eso le valió, porque en el supuesto de que él hubiera negociado el fichaje del ex panista, quien se atribuyó el triunfo fue el gerente de Morena. A pesar de esas señales de que está muy alejado del ánimo presidencial, finalmente le sacó las castañas del fuego al Presidente.

Cuando se percataron de que no contaban con los votos necesarios para aprobar la minuta, descubierto el plan B que se había fraguado desde Bucareli para hacer correcciones a la iniciativa y pasara el transitorio y ante el embate del grupo opositor, el doctor en Derecho encontró la puerta: propuso se regresara el dictamen a Comisiones para debatirlo más; bastó la mayoría simple para evitar el “Waterloo”. Tendrán dos semanas, no para reflexionar sobre el alcance de la medida, sino para corromper a dos o tres senadores más, a los que tienen sin cuidado sus representantes o la posición ideológica y política de su partido. Son los nuevos mercenarios que venden caro su voto. Por lo que el titular de Gobernación, el gerente de Morena y el propio Monreal saldrán a la venta nocturna de otoño.

Pase lo que pase, el gran perdedor es el zacatecano. Si no pasa la iniciativa, se alejará más de los afectos de Palacio, y si se aprueba, dejará de ser un interlocutor válido con la oposición, a quien nuevamente traiciona.

 

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