Minimiza Rusia advertencia de EU sobre el uso de armamento nuclear

 

“Sin comentarios”, responde vocero del Kremlin

 

  • Señala Dimitri Peskov que contactos entre ambos países “se mantienen al debido nivel”

 

Antony Blinken, secretario de Estado de EU, declaró que Washington tiene ya “un plan de acción” para el caso de que Moscú cumpla su amenaza de emplear armas nucleares en Ucrania.

 

El vocero de la presidencia rusa, Dimitri Peskov, respondió con un “sin comentarios” a los reporteros interesados por la reacción del Kremlin a la advertencia de Estados Unidos en el sentido de que usar el armamento nuclear en Ucrania tendría “consecuencias catastróficas” para Rusia.

Peskov confirmó que los contactos entre Rusia y Estados Unidos “se mantienen al debido nivel”, pero minimizó lo dicho por Jake Sullivan, asesor de Joe Biden, al precisar: “Hay ciertamente canales de diálogo, aunque los contactos tienen un carácter bastante esporádico”. Añadió que esos canales de comunicación “permiten, al menos, transmitir con urgencia a la otra parte mensajes y notificaciones”.

En contraste, el vicecanciller Serguei Ryabkov, encargado de la relación con Estados Unidos, resultó mucho más explícito: “El trabajo no se ha detenido. Llamadas telefónicas, intercambio de notas diplomáticas, cartas personales, contactos entre las embajadas todo esto se mantiene y se mantendrá”, señaló la noche del lunes al canal de televisión Rossiya-1.

“Hemos enviado infinidad de señales de aviso a nuestros colegas estadounidenses en el sentido de que el incremento desmesurado de su apoyo a Kiev, junto con el de sus aliados, nos acerca a todos a un límite peligroso. Les decimos a nuestros interlocutores estadunidenses que tienen que poner fin a desquiciar la situación”, enfatizó Ryabkov. Y reconoció: “El trabajo (de la diplomacia) es diferente. Ahora nos encargamos literalmente de administrar la crisis”.

La víspera el secretario estadounidense de Estado, Antony Blinken, declaró que Washington tiene ya “un plan de acción” para el caso de que Moscú cumpla su amenaza de emplear armas nucleares en Ucrania y sin entrar en detalles, adelantó que se trata de “una respuesta contundente”.

Para las autoridades rusas la doctrina nuclear de Rusia define en qué circunstancias se puede usar el armamento nuclear y una de ellas es para rechazar una agresión externa, situación que eventualmente podría darse si, una vez anexionados Donetsk y Lugansk, así como las partes bajo ocupación de las tropas rusas en Jersón y Zaporiyia, el ejército ucranio sigue intentando recuperar esos territorios que el Kremlin ya va a considerar como parte de la Federación Rusa.

El economista Viacheslav Inosemtsev y otros analistas locales consideran que el presidente Vladimir Putin, al anunciar la “movilización parcial” de 300 mil reservistas, no tiene la intención de emplear armas nucleares en Ucrania, pero al blandir esa posibilidad busca que algunos de los países que proporcionan armamento a Ucrania desistan de hacerlo y presionen al gobierno de Volodymir Zelensky a negociar con Rusia bajo las condiciones de ésta.

El analista de la emisora Kommersant FM, Dimitri Drize, dijo que “parece que por ahora es poco probable un apocalipsis nuclear”, pero tampoco puede descartar del todo que Rusia, en un momento dado y dependiendo de cómo evolucionen los combates, decida recurrir a las armas nucleares en Ucrania.

En ese sentido, cree que lo único positivo en el actual contexto de suma tensión es que “el tema nuclear está a punto de ser incluido en el orden del día y todavía existen posibilidades de que las partes sean escuchadas”.

Jóvenes rusos huyen del llamamiento a la guerra

Desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció la “movilización parcial” de la población en edad de combatir en Ucrania, miles de rusos llegan como pueden a Georgia, país de 3,7 millones de habitantes que se independizó de la URSS con su disolución en 1991.

Ante el cierre de la Unión Europea, Georgia es una de las escasas alternativas terrestres para salir ahora de Rusia. Llegan en coche, a pie o en bicicleta, como Sveta y Alexander, una pareja de novios de 22 años que vivía en Moscú. “Esperamos teletrabajar en Georgia”, dice Sveta, “y mientras tanto iremos preparando la documentación para solicitar un visado en la Unión Europea”. Todos los entrevistados ocultan su verdadera identidad por miedo a represalias del régimen de Putin.

Sveta cuenta que hay colas de coches de hasta 30 kilómetros para llegar a la frontera con Georgia. “Hay gente que se ha quedado sin gasolina, sin comida. Llevan dos días parados”, explica. “Para nosotros lo más desagradable han sido las preguntas que hemos tenido que soportar por parte de los funcionarios rusos, que son los que deciden si te dejan salir de Rusia. A Alexander le han preguntado si no le da vergüenza abandonar su país en vez de luchar por él. Y a mí me dijeron si no me da pena el hecho de que ya no vaya a volver a ver a mi madre”. Sveta y Alexander explicaron a los funcionarios que ellos solo viajan por turismo. Con el objetivo de resultar convincentes, se enfundaron con ropa deportiva negra y colocaron una tienda de campaña en el manillar. Ciertamente, parecían turistas sobre dos ruedas.

Pero hay otros rusos en bicicleta, como Maxim, de 38 años, que no tienen pinta de ciclistas, sino de exiliados con más miedo que ilusiones. Este hombre salió con su coche el viernes desde Volgogrado, acompañado por su esposa. Sostiene que antes de emprender el viaje le dio tiempo a ver cómo movilizaban a varios de sus amigos y conocidos. “Les dieron una hora para recoger sus cosas y despedirse de la gente”, afirma. Cuando llegó a Lars, la ciudad más cercana a la frontera con Georgia, vio que las colas de coches eran kilométricas. “Así que mi mujer se volvió a casa con el coche y yo compré esta bici por el equivalente a 250 dólares. Llevo 10 horas sin bajarme de ella”. La bici es como la que podría usar un niño de 10 años. Y en el manillar lleva una cesta de la compra en donde Maxim ha metido los enseres que pudo amasar.

Hay gente que se ha conocido en el camino. Danis, de 27 años, es un ruso sudanés que ha pasado la frontera junto a dos amigos que conoció hace no mucho. Todos se quejan de los sobornos que se han visto obligados a pagar. Danis advierte: “Como esto dure una semana más, habrá gente que tendrá ya dinero para comprarse una casa”. Explica que para cruzar la frontera ha pagado el equivalente a 300 euros. “Se le paga a los habitantes de la frontera, que son los que conocen bien a los policías”. El hombre trabajaba en un centro militar de Moscú del que no quiere dar demasiados detalles. “Yo tenía muchas opciones de que me movilizaran. Así que no me lo he pensado”.

Su amigo Andrei, de 22 años, dice que es medio ucraniano. “Yo no puedo ser parte de esta guerra”. Y la misma razón esgrime Stas, de 34 años, electricista de profesión: “Yo tengo un hermano en Ucrania. ¿Qué voy a hacer, coger un arma para combatir contra él?”.

Rabi es un periodista deportivo de 25 años que participó en la manifestación contra la guerra que se celebró en Moscú el día en que Putin anunció la movilización de 300,000 personas, que en principio debían ser reservistas y gente con experiencia militar. Montado en una bicicleta, y acompañado de un amigo, también periodista, explica: “La policía me retuvo esa noche seis horas en comisaría. Me advirtieron de que si me volvían a detener me meterían en la cárcel”.

Entre los rusos que llegaban al paso fronterizo de Kazbegi había muchos moscovitas. Artem, un fotógrafo de 30 años, era uno de ellos. Explicaba que ya se exilió durante un mes y medio en Tbilisi, la capital de Georgia, cuando Rusia invadió Ucrania, el pasado marzo. Y ahora ha vuelto a exiliarse junto a cuatro amigos. “Moscú es la mejor ciudad del mundo”, explica, “pero ahora es deprimente, es un pozo negro a causa de la guerra. Ahí todo el mundo habla de guerra, por más que el gobierno no mencione la palabra. Yo creo que el 80% de los rusos no apoya esta guerra. Por eso estamos aquí”, concluyó

Rusia promete “plena protección” a territorios anexados

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, afirmó que las regiones de Ucrania, en las que se celebran referéndums, estarán bajo la “plena protección” del Kremlin si se anexionan a Rusia, lo que intensifica la perspectiva del uso de armas nucleares. Los residentes de cuatro áreas ocupadas por Rusia en el este y sur de Ucrania continuaron votando durante cuatro días en referéndums para decidir la unión con Rusia.

“Después de esos referéndums, Rusia, por supuesto, respetará la expresión de la voluntad de aquellas personas que durante muchos años han estado sufriendo los abusos del régimen neonazi”, le dijo Lavrov a los periodistas este fin de semana después de dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Se refería al gobierno de Kiev.

Cuando un periodista le preguntó si Rusia posiblemente usaría armas nucleares para defender las regiones anexadas en Ucrania, Lavrov dijo que cualquier territorio ruso estará “bajo la protección total del estado”.

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