Artificiosa e ilusa solicitud de perdón y olvido

Deslindes

Armando Sepúlveda Ibarra

 

A la memoria de Nena y Chuchín, entrañables sobrinos

 

En mi humilde opinión... | Ramón

En mi humilde opinión… | Ramón

 

En el ocaso de su gobierno el señor Peña descendió de su limbo de arrogancia, acorralado por sus errores y la ilusión de volver a ser el salvador de México, para solicitar con humildad artificiosa el perdón de una sociedad que los neopriístas en el poder, ávidos de fama y dinero fácil, vienen agraviando desde que regresaron en 2012 a Los Pinos, con la sabida compra de votos, sólo para descarrilar al país con su majestuosa ineptitud.

Alertas por el fracaso del nuevo PRI en las elecciones de junio, con la derrota en siete de 12 gubernaturas, los neoliberales en el gobierno valoraron sus fortalezas y debilidades frente la sucesión presidencial de 2018 y, con angustia y temor, vieron que la escandalosa corrupción de sus hombres más ilustres, la impunidad y la violación de los derechos humanos, sobre todo, a reserva de sumarle más lindezas, invitaban a sus cúpulas a suplicar un borrón y cuenta nueva, para intentar reposicionarse, como si nada hubiera sucedido durante esos aciagos años a partir de 2012 de crisis general, de violencia y muertes sin fin mientras los gobernantes ofrecían a los mexicanos acercarlos al paraíso con su varita mágica de las reformas estructurales.

Por consejo de sus iluminados asesores, según creen los analistas políticos, el señor Peña hubo de armarse de esperanza e ilusión ante el peligro real de que la fortuna deje de ampararlo y entregue, por sus dislates y otras curiosidades, la Presidencia de la República a la oposición dentro de dos años, como para decidirlo a medio arriar banderas en su antigua férrea defensa a los motivos y vericuetos aún sin elucidar de la quemante Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec y confesar, con la candidez de quien ha sido descubierto más que en simples travesuras, que cometió “un error” de forma –dice él– cuando su contratista predilecto, Juan Armando Hinojosa Cantú, dueño de Higa, puso en manos de su familia la onerosa propiedad valuada en 7 millones de dólares. Su dicho aspira a convencer que nunca hubo conflicto de interés ni otras cosas oscuras o laberínticas a la hora de pactarse la compra-venta, fuera de una sólida amistad que nace de los negocios de contratos y licitaciones de las mejores obras amarrados a modo desde los tiempos de su gobierno en el Estado de México hasta el año que corre.

A su ansia por conseguir el perdón de la sociedad el señor Peña, en un discurso sin gota de emoción de ninguna clase, nada ofreció a cambio para vindicarse y, de acuerdo con sondeos, hubiera sido más convincente para esos mexicanos exigentes y malpensados si hubiese anunciado la audacia allí donde pidió el indulto ciudadano, durante la presentación del Sistema Nacional Anticorrupción, de que una instancia autónoma e independiente del gobierno abriría una investigación sobre cómo fue en realidad el negocio de la tortuosa Casa Blanca que, junto con el crimen de estado de los 43 normalistas de Ayotzinapa, despeñó al otrora salvador de México de alturas de ficción creadas con la compra de costosos espacios publicitarios en revistas de corte internacional afines al neoliberalismo y, por supuesto, felices hasta las lágrimas con la entrega del petróleo mexicano como sepultura de la histórica Expropiación Petrolera de 1938 del presidente Lázaro Cárdenas e inesperado regalo a la codicia del gran capital trasnacional.

Para airear la flaca y generosa memoria de los mexicanos dados a olvidarse de los agravios del gobierno y sus autores que se escudan en el complaciente y caduco sistema político, es oportuno recordar que el señor Peña ya había ofrecido hace un año, aquella vez con la soberbia de quien cree sentirse exonerado de algún desliz, disculpas por el malestar de la sociedad con el episodio tragicómico de la mansión de las Lomas de Chapultepec y su forma de arrimársela al patrimonio familiar. Como si los mexicanos fueran niños de pecho para embobarlos, a instancias suyas el gobierno simuló una investigación –es un decir– sobre el modo con que se adquirió la lujosa mansión y puso al frente de la pesquisa a un subordinado que –como hemos dicho–, cual bufón de comedia de Shakespeare, encontró en su ardua labor de indagar en la nada que su patrón Peña y su esposa a cuyo nombre estaba el cuerpo del delito, eran inocentes de las ofensivas sospechas de que habían traficado don influencias y otros detallitos de minucia para sumarlo a su rico patrimonio. Hubo recelo y risitas por la forma de exculparlo hasta en las mejores familias priístas e incluso hasta Carlos Hank González, maestro del tráfico de influencias para alzarse con fortunas, debió allá en ultratumba alzar de asombro las cejas por la inocentada a la que mandaron poner la cara de tonto y ofrecer el cuello de la guillotina de la vox populi a Virgilio Andrade, célebre pelele designado meses atrás secretario de la Función Pública para dejar limpio el espinoso asunto.

A su cuenta personal de números rojos, el señor Peña suma la censura de 70 por ciento de la población a su gobierno, conforme a la encuesta más reciente del diario oficialista El Universal, así como el vacío de poder y la crisis de gobernabilidad vigente que denuncia todos los días el sector privado a propósito de las marchas, plantones, bloqueos de carreteras y vías del ferrocarril y otras acciones de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (la CNTE, pues) en su resuelta embestida contra la reforma educativa que un imberbe secretario de Educación, Aurelio Nuño, con dificultades para exhibir su talento e ideas –si las tuviere–, intenta aferrarse a su ignorancia o disfraza algunos cambios con el uso de los charros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (el SNTE de Elba Esther Gordillo, pues), con una convocatoria a debatirla para que, a lo gatopardo, todo quede igual y los atontados mexicanos duerman tranquilos con el nuevo intento de burlarse de su inteligencia.

En espera del perdón mientras los priístas quisieran verlo desligarse del nuevo PRI – porque dicen que les hace mucho daño al deseo de conservarse en Los Pinos–, para lavarse la cara sucia de aquí a la elección presidencial de 2018, el señor Peña quizá perciba otro riesgo, nada bueno para su futuro: que salga a la luz toda la porquería detrás de la empresa española OHL, también privilegiada con amañados contratos multimillonarios en dólares, con tráfico de influencias y corrupción, el estilo de la casa.

A lo mejor viene otra solicitud de perdón por las hazañas de OHL y sus cómplices en el gobierno antes de que alcance el primer salvoconducto (quién sabe si haya tiempo para acordarlo y recibirlo) de una sociedad harta de la corrupción, la impunidad y la ineptitud de sus gobernantes sin distinción de siglas.

armandosepulvedai@yahoo.com.mx

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